Un simple tenedor.


Sí, un simple tenedor. Pero iluminado. Iluminado con control. Control que, como reza un conocido anuncio de una conocida marca, famosa por sus calendarios, la potencia sin control no sirve de nada. Pues de eso trata esta entrada, del control de la iluminación.  Si la cocina es arte y la fotografía también, la unión de ambas no puede, ni debe, desmerecer.  Un utensilio común puede ser elevado a una categoría superior tratándolo adecuadamente, con respeto, pensando en las posibilidades que nos puede ofrecer, dejando de lado lo triste, y simple, que parece y concentrándonos en aportar lo mejor de nosotros mismos para extraer su esencia.

Estoy oyendo los voces de algunos de vosotros decir -ya está el pirado éste fotografiando, y diciendo, cosas raras. Las de otros, protestando; porque el aviso de esta entrada llega las 23 horas. No tenéis obligación de leer este blog, ni de escuchar mis desvaríos nocturnos, pero sí podéis observar esta foto y decirme que os sugiere. El que sólo vea un simple tenedor, quizá encuentre más apropiada la lectura de la revista Hola, o Semana. Quizá no lo apreciáis bien debido al tamaño de la imagen. Esta imagen debéis verla en grande, mejor en una pantalla grande.

¿Qué veis? O quizás debería preguntar, ¿qué no veis? ¿No veis la suave curvatura del tenedor, sutilmente iluminada para resaltar su color metálico? ¿No veis las estrías del acero en su superficie y en los intersticio de sus púas? ¿No percibís la iluminación sobre su púas, dejando el resto de la imagen en penumbra? ¿Y el reflejo, continuación del objeto más allá de su límite físico? ¿La limitada profundidad de campo concentrada en la sección media de las púas,  justo donde incide la luz, lo que en mi opinión aporta fuerza la imagen? Y por último, ¿no veis la suave transición entre luces y sombras en la superficie del tenedor?

Datos de la foto. ISO 100. 1/125. f/4. 50 mm. Tubo de extensión 13 mm. Medición puntual. Enfoque manual. WB Auto. Flash a 105mm a 1/64 (creo, hice algunas a 1/128 y alguna más con valores intermedios) sobre trípode con snoot a la izquieda de la imagen y un papel blanco delante como difusor. Reflector blanco a la derecha. Post proceso, negros -10, mascara de enfoque. 

¡Para flipar! Seguro que piensan algunos. No es tan complicado. Vamos por partes. El tenedor es fácil de conseguir, ¿o no? La superficie negra reflectante, me costó una pasta; porque para conseguirla tuve que comprar toda la casa; es la placa de vitrocerámica (se ven algunos arañazos en su superficie. El flash ya lo tenía, al igual que la cámara, el objetivo y el tubo de extensión y el trípode. El snoot, es un cono que concentra la luz, evitando que se disperse. Los hay desde 25 € en adelante. El mío está hecho con una botella de plástico negra a la que le corte el culo; gratis. El papel blanco era un folio. El reflector de la derecha otro folio.

He encuadrado trazando una diagonal con el tenedor y desde un ángulo en el que el reflejo no era simétrico. El flash está disparado a unos 20 cm por la izquierda en un ángulo de unos 80 grados respecto a la posición de la cámara. El papel usado como reflector de la derecha está a menos de 10 cm. La exposición está pensada para no recoger la luz ambiente de los lindos fluorescentes de la cocina. f/4 para la profundidad de campo deseada y ajustando la potencia del flash a mano hasta encontrar la exposición correcta. Podía haber eliminado los destellos blanquecinos de los bordes de las púas, pero al situarlos en el límite de la iluminación aportan algo de textura y, además, no son continuos.

¿Por qué el resto de la imagen está tan oscura? Porque he aplicado una luz dura, es una fuente puntual, muy concentrada con una potencia muy baja (1/64 o menos), lo que significa que tiene la potencia justa para iluminar la superficie del tenedor, nada más ni siquiera la placa de vitrocerámica que lo rodea. Es importante utilizar el zoom del flash en su máxima focal (105 mm en mi caso), para no desperdiciar potencia.

Por último, el papel delante del snoot actúa como difusor de los bordes de la luz, suavizando la transición de las luces hacia las sombras, es decir, evitando tener una zona muy iluminada y, justo la de al lado, con una caída de luz grande, lo que provocaría un gran contraste.

La verdad, es digno de las comidas que, al menos en esta casa, disfrutamos.

Espero que os guste.

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2 comentarios

  1. […] La correa de acero muestra como se ilumina un metal: zonas en las que se refleja la luz directamente a la cámara (reflejo directo o especular) y zonas oscuras en las que, aun recibiendo luz, el reflejo no es registrado por la cámara,  porque el ángulo de reflexión de la luz no apunta a la cámara, dicho de forma poco técnica; como el ángulo de incidencia y el de reflexión tienen que ser iguales, la cámara debe de situarse en la trayectoria del ángulo de reflexión para poder registrar el reflejo especular, en caso contrario, el metal se mostrará oscuro. Lo mismo ocurre con un espejo.  La foto no es de anuncio, los arañazos en la correa hacen patente el uso pero, como ya he dicho en otras ocasiones, supone un buen ejercicio. Cualquier objeto es válido: una linterna, un cuchillo e incluso un tenedor. […]

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