¡Manda Carallo! El fútbol es así.


CornerSábado -pero podría ser domingo-. 7:00 de la mañana, todavía no ha amanecido. Suena el despertador. El termómetro exterior marca 7,5º. Nos levantamos, preparamos el desayuno. Cuando está listo despertamos al niño. Son las 7:45 de la mañana. No reacciona, su cerebro se resiste a despertar y sus músculos no atienden a esfuerzos matutinos.

8:15. Temperatura exterior, rondando los 4 grados, la sensación térmica, umm …,  vamos a dejarlo hay. Salimos caminando hacia el campo de fútbol. Hoy estamos de suerte y el partido se disputa a escasos 500 metros de casa. Mientras caminamos, ya estamos en marzo y los días son más largos, una sensación de criogénisis se va apoderando de nuestro cuerpo; a pesar del gorro, los guantes, la camiseta térmica, los calcetines de montaña, botas y chaquetón para la nieve. Todavía no generamos temperatura suficiente para defendernos de esta agresión matinal, innecesaria. El niño va tomando contacto con la realidad; hay que correr, sudar, …, hace frío, llueve, …

Llegamos al campo, a veces ni siquiera han abierto las instalaciones. ¿Qué tarado lleva a un niño a las 8:00 de la mañana en invierno a unas instalaciones al aire libre? Y eso que hoy no llueve.

Pues habemos tropecientos mil tarados. Tropecientos mil tarados que somos incapaces -yo no, lo he dicho, pero pasan de mi- de decirle a los clubes y a la Federación Gallega que no tiene ningún sentido que ningún niño de 5, 6, 7, 8, 9, 10 u 11 años tenga que madrugar más para ir a disputar un partido un fin de semana que para ir al colegio durante la semana. La gente que dirige esto no sabe que los niños tienen que dormir unas 10 horas diarias -no lo pregunto, lo afirmo-, que la semana se les hace larga y los dos únicos días que tienen para recuperarse son el sábado y el domingo.

¿Por qué nunca se juegan partidos de chicos mayores a esas horas? A mi siempre me ha resultado sospechoso, quizá porque pienso que tratan de compatibilizar los horarios de otras actividades que poco tienen que ver con el deporte. Quizá porque es más fácil dejar que sean los más pequeños los que sufran; evitando afrontar problemas desagradables con los más mayores; quizá porque todos somos idiotas y, en consecuencia, no merecemos otra cosa.

Los padres, merecemos una mención aparte. No todos están de acuerdo, faltaría más. Hay quien piensa que “… así se hacen hombres”. Y no son uno ni dos.

Los clubes, ¿para qué se van a pelear con la Federación? ¿La Fede… qué? Sobran niños, y padres; y clubes, pero Federación hay sólo una: es como el representante de Dios en la tierra: todopoderosa.

Al final, la pataleta y la resignación, no hay otra, ¿o vamos a privar a los niños de hacer lo que quieren debido a las decisiones quienes bien o mal dirigen y deciden?

Saludos.

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