La fuerza; una virtud.


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Hoy he ido al cine a ver, como no, la última entrega de la archiconocida saga Star Wars.

La fuerza. El lado oscuro. El Despertar de la fuerza.

Había olvidado el motivo por el que no me gusta ir al cine. La oscuridad ampara y cobija a todo tipo de seres maleducados e incívicos. Fuerza es la que necesitas para no liar una bronca en el medio de la sesión, llamando la atención a padres de niños con espadas de un metro que se pasan toda la sesión agitándola. O a otros más crecidos que no partan de hablar, reírse y, en definitiva, molestar.

Vivimos tiempos difíciles, en los que el lado oscuro se ha apoderado de las almas débiles; la cura es sencilla: educación, reintroduction de algunos conceptos fundamentales como el respeto, civismo y sentido común;  a los niños no les la pasa nada por decirles que se estén quietos, no van crecer frustrados, ni enfermos -solo mejor educados, un problema para muchos.

Si vais al cine, ¡qué la fuerza os acompañe! Si alguien monta una fiesta y no puedes descansar, ¡qué la fuerza os acompañe! Si… ¡que la fuerza os acompañe!

La Luz del Tiempo.

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4 comentarios

  1. YO siempre he sido de la opinión de que, en el cine, no se debe de comer nada, prohibiría, aunque no me gustan las prohibiciones, la venta de palomitas, chuches, bebida alguna…Incluso que la gente, si no es asunto de primera necesidad, ni se levante ni se mueva, ni respire casi ( sólo para no morir, jejeje )

    Algo parecido me encontré cuando fui a ver The Martian ( Marciano ), a quién se le ocurre llevar a niños de menos de ocho años a ver una peli de más de dos horas, la cual no es infantil, y el pobrecillo no hacía más que preguntar, tal cual en el salón de su casa : Papa, por qué hace ésto o lo otro, por qué ha dicho eso,,,etc, etc, etc.
    Amén de estar comiendo todo el rato, con el ruidito odioso de la mano dentro del cartucho de palomitas, dándole vueltas para pillarlas bien, sorbiendo de la cañita o pajita con acompañamiento musical…srrrlup, srrrlup. srrrrrrrrrrrrrlup.

    Bueno, la culpa no es de los niños, si no de esos padres que no tienen sentido común y quieren que a sus pupilos les guste lo mismo que a ellos, o por las buenas o por las malas.
    Claro que, como no soy padre, tampoco sé cómo lo haría yo, jejejeje.

    Un abrazo, amigo Guille.

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    • Con un poco respeto y educación -de los que antes nos enseñaban en casa, ya casi sería suficiente-. Si además, le añadimos algo de sentido común – el menos común de los sentidos- ya sería la bomba. Pero como no hay ni de lo uno ni de lo otro, propongo recuperar la figura del acomodador: el que hable, a la calle; el que llegue tarde, no entra; y así con todos.
      Un abrazo.

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