Las tinieblas


Cae la noche y con ella se desvanece la pobre sensación de seguridad que nos aporta la luz del día. 

Se va la luz y en su ausencia afloran miedos y pasiones, monstruos y demonios; dramas a los que nuestra mente se aferra intensamente. 

El frío nos enerva, recorriendo lentamente nuestro espinazo cual alarma silenciosa. El atardecer es el aviso final, la llamada al refugio. 

Instintos primitivos se despiertan: de temor, de soledad, de aislamiento, de busqueda de ese suelo consagrado al que las bestias tienen vetado el acceso. Salvo el hombre. 
La noche me gusta. 

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