La contradicción


Corro veloz hacia un abismo del que no hay escapatoria. Mi frenético ritmo me conduce hacia un final que, aunque esperado, no es deseado; al menos no todavía. Un final, tal vez feliz, que frene mi irreprimible deseo de seguir corriendo y el desquiciado ritmo marcado a sangre y fuego. Pasa el tiempo. Me aproximo. La respiración entrecortada. La adrenalina, desaparecida, anticipa una rendición incondicional. El abismo está cerca. Espasmos intermitentes avisan de lo evidente. Más cerca, más rápido. El abismo, enorme, oscuro, peligroso, se abre ante mí. Una última tensión, una resistencia final, para ganar el pulso al frágil equilibrio. Un último bastión de la consciencia permite justificar la inevitable caída.

 Silencio. Oscuridad. Interminables horas resueltas en un suspiro. 

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