Sábado. 9:00 Alpha


El sol todavía permanece bajo la línea del horizonte. Una noche fría no invita a madrugar ni siquiera al sol, que muestra su pereza a pesar de nuestras insistentes llamadas.

El campo, congelado. Los cristales de hielo que cubren todo, también se clavan en los pulmones, provocando un dolor intenso. 

Por vestuarios, congeladores. Cambiarse de ropa para vestirse de corto asusta más a los padres que a los chavales; todo sea dicho de paso. 

10:00 Alpha. El sol parece haberse quedado sin combustible. Comienza el partido. Correr, ¡qué dolor! El balón blanco se confunde con el campo, también blanco. 

Una vieja grada de cemento cubierta por una placa de uralita, nos ofrece una mejor visión del terreno de juego. Pero, poco a poco, el dolor se apodera de los dedos de los pies y de los tobillos, comenzando su escalada hasta que consigue desquiciar a los parroquianos, quienes comienzan una lenta migración hacia zonas más calidas. 

Al final ganaron los nuestros. ¡Bravo! 

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